"Debemos construir un
nuevo
mundo, un mundo mucho
mejor... un mundo donde la
dignidad eterna del hombre
sea
respetada".
-- Presidente Harry S
Truman, 1945
CONSENSO Y CAMBIO
Estados Unidos dominó los asuntos
internacionales en los primeros
años después de la Segunda Guerra
Mundial. Tras la victoria en la gran
contienda y al ver que su patria se
había librado de la devastación de
la guerra, los estadounidenses se
sentían confiados de su misión,
tanto en el ámbito nacional como
en el exterior. Los líderes del país
deseaban preservar la estructura
democrática que habían defendido a
tan enorme costo y querían
compartir los beneficios de la
prosperidad lo más ampliamente
posible. Para ellos, igual que para
el editor de la revista Time, Henry
Luce, aquel era "el siglo de Estados Unidos".
Durante 20 años, la mayoría de los estadounidenses se
sintieron
seguros de ese enfoque basado en la confianza; aceptaron
la
necesidad de asumir una posición fuerte contra la Unión
Soviética
en la Guerra Fría que se desenvolvió a partir de 1945.
Apoyaron el
crecimiento de la autoridad del gobierno y aceptaron las
líneas
generales del rudimentario estado benefactor formuladas
por vez
primera en el Nuevo Trato. Disfrutaban una prosperidad de
posguerra que creó nuevos niveles de riqueza.
Sin embargo, poco a poco algunos empezaron a cuestionar
los
supuestos predominantes. Las impugnaciones surgidas en
diversos
frentes destruyeron el consenso. En la década de 1950, los
afro-estadounidenses
iniciaron una cruzada, a la que más tarde se
unirían otros grupos minoritarios y las mujeres, para
gozar de una
porción mayor del sueño estadounidense. En los años 60,
los
estudiantes políticamente activos protestaron por el papel
del país
en el exterior, sobre todo en la corrosiva guerra de
Vietnam.
Surgió una contracultura juvenil que impugnó el statu quo.
Los
más diversos sectores de la población deseaban crear un
nuevo
equilibrio social y político en Estados Unidos.
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